| |
- dando atención a las necesidades específicas
de cada uno, según sus personalidades, edad y situaciones
(nuestros hijos no siempre necesitan la misma atención
ni el mismo tiempo con los padres)
- evitando comparaciones entre ellos o con otros miembros
de la familia o conocidos ("tendrías que portarte como...",
"mira a... qué bien que le va en la escuela...", son comparaciones
impertinentes y mortificantes que solo sirven para alimentar
resentimientos innecesarios y reducir la autoestima de
los niños) - estimulando una relación cooperativa, cariñosa
y respetuosa entre hermanos, que debería ser sencillamente
la prolongación de la relación amorosa entre los padres,
signada por ejemplos cotidanos y visibles de ese amor
y respeto
- no interviniendo excesivamente en cada disputa o situación
de conficto entre hermanos, a fin de favorecer sus habilidades
de negociación y entendimiento verbal y solidificar su
autoestima.
|