| |
Si
usted es un padre de dos hijos y le toca repartir un pedazo
de torta entre ellos, y usted se esmera en cortarlo equitativamente,
casi midiendo el curso del cuchillo milimétricamente,
¿a cuál hijo le tocará el pedazo más grande? La respuesta
es sencilla: "al otro". En la mayoría de los hogares,
y más allá de los esfuerzos parentales para ser y parecer
equitativos y justos ante ellos, nuestros hijos tienden
a percibir diferencias en el trato cotidiano, en el reparto
de afectos y obligaciones, en la dimensión de los castigos
o reprimendas, en el valor de los obsequios que reciben,
y prácticamente en toda otra actividad en la dinámica
familiar.
|