El ciclo del desarrollo humano es continuo, ascendente y espiralado. Tiene etapas de expansión y de contracción y siempre se fundamenta en un crecimiento anterior. El niño se transforma constantemente en algo nuevo sobre la base de un modelo anterior, y principalmente a través de conductas de imitación, repetición e internalización. Entender este ritmo o "pulso" de crecimiento es fundamental para que nosotros, como padres, comprendamos qué es lo que podemos esperar y alentar en cada una de las etapas del desarrollo evolutivo de nuestros hijos, y a la vez, reducir las frustraciones que resultan de expectativas inadecuadas.

           

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