La respuesta, en parte, ha de buscarse en lo que podemos denominar "una ventana de oportunidad", desafortunadamente, una oportunidad para el delito o acciones desadaptadas. Por ejemplo, cuando los dos padres trabajan fuera del hogar y su hijo o hija adolescente quedan solos en la casa, sin supervisión adulta ninguna, entre el regreso de la escuela y el regreso de las padres a la casa, usualmente entre las 3 y las 6 pm. La falta de supervisión adulta directa (y los llamados de teléfono no son suficiente) crea una "ventana de oportunidad" para que alguno de estos jóvenes permanezca fuera del hogar (a veces con las peores amistades posibles), se "enganche" en el Internet sin supervisión alguna (a veces ligándose así a las peores amistades posibles), "corte" clases reiteradamente sin que nadie se dé cuenta hasta que es demasiado tarde, o en fin, quede ese joven solo e indefenso (aunque ellos no lo sientan así) a merced "de las peores amistades posibles" -mi reiteración es absolutamente intencional-.

     También están aquellos que lucran con nuestros hijos más desprotegidos, ya que ven en ellos clientes fáciles para sus ventas de drogas, para incorporarlos a su pandilla -o ganga- de pequeños ladrones, o transformarlos en soldados obedientes de su agenda personal (delitos de odio, prejuicio u otros sentimientos antisociales), o para abusarlos sexual o psicológicamente. Sin duda, después del hogar, las relaciones humanas que nuestros hijos mantienen con amigos y amigas de la escuela, el trabajo o la comunidad en la que viven, son por demás importantes, tanto que pueden llegar a destruir rápidamente años de esfuerzos y buena paternidad. Por ello es imprescindible que, como adultos responsables, no solamente conozcamos quiénes son las amistades de nuestros hijos, sus lugares de reunión y actividades, sino también que ejerzamos el derecho y la obligación de supervisarlos, aconsejarlos y, hasta donde sea posible, "filtrar" sus relaciones humanas con el sano propósito de que los adolescentes encuentren también fuera de sus hogares, figuras de referencia adecuadas y aceptables. Y no me refiero al "look" de los amigos, a sus ropas o preferencias musicales, sino a lo que es esencialmente importante: sus conductas y acciones.

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