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Aunque
los primeros cinco o seis años de vida infantil son los
más frágiles en nuestra especie humana, los riesgos más
graves en materia de salud mental, lesiones físicas y
emocionales, se producen durante la adolescencia, aproximadamente
en el período del desarrollo entre los 13 y los 20 años.
Ya he mencionado a los lectores en oportunidades anteriores
una gama de riesgos y peligros que enfrentan nuestros
hijos adolescentes, al punto que titulé alguno de estos
artículos "Campos Minados", sugiriendo que el adolescente
se ve obligado a transitar por un territorio desconocido
(ya que aún no tiene suficiente experiencia de vida) y
plagado de minas que podrían explotar en cualquier momento
(la exploración de las drogas, el alcohol, las situaciones
de peligro de accidentes, el comienzo de su práctica sexual).
Tantos
y tan variados ejemplos que la opinión pública registra
últimamente, patentizan lo que puede pasar con jóvenes
adolescentes ignorados, desatendidos, expuestos al acceso
indiscriminado de armas y a la violencia de los medios
audiovisuales, que continúa siendo intensa a pesar de
los esfuerzos de muchas agencias del Gobierno Federal
quienes, avaladas por opiniones profesionales sólidas
e investigaciones científicas universitarias intentan
que estos bombardeos hipnotizantes de la mayoría de los
medios de comunicación disminuyan sus efectos nocivos.
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