Por esto es importante considerar algunos indicadores o "alarmas" cotidianas que revelan la existencia de un conflicto de pareja, ya que detectados con antelación, pueden facilitarle al hombre o la mujer efectuar correcciones a tiempo, particularmente en cuanto a la búsqueda y el mantenimiento de un adecuado nivel de comunicación marital. Entre otras señales, veamos las siguientes: a) la pareja deja de compartir el desayuno con su esposo, esposa o compañera, b) los diálogos se tornan cada vez más escasos o forzados, c) aumentan las horas silenciosas frente al televisor, d) no se proponen ni organizan salidas conjuntas e) no se comparten actividades rutinarias u ociosas, f) los desacuerdos se vuelven cada día más frecuentes y se originan por motivos a veces irrelevantes (qué comer, el orden o desorden de la vivienda, adónde ir de paseo).  El origen de este deterioro en las relaciones interpersonales y el nivel y calidad de comunicación puede ser la "punta del iceberg" de otros problemas o situaciones personales o hacia la pareja, y éste es el momento apropiado para descubrirlos, debatirlos cariñosamente y, dentro de lo posible, resolverlos para recuperar la armonía de pareja. Por supuesto que si un matrimonio o pareja no han tenido una relación armónica (respetuosa, cariñosa, no egoísta sino con interés mutuo hacia las necesidades del otro) antes, el simple intento de mejorar la comunicación no dará demasiados frutos y, en cambio, habrá que trabajar (sin o con asistencia profesional) en otras áreas, tales como la "intención de convivencia" y específicamente en los problemas o conflictos individuales del hombre o la mujer. Otro factor de gran influencia en la generación de conflictos y crisis es el estrés (stress) producido por dificultades de trabajo o económicas, factores de adaptación y malestares personales.

 

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