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Algún
biólogo especializado en el fascinante tema de la longevidad,
es decir, de cómo prolongar la vida y aumentar su calidad,
suele decir que si el ser humano "no pisa ninguna mina
en su camino", puede esperar llegar a los 100 años satisfactoriamente.
Este concepto, compartido por muchos especialistas en Medicina,
Biología y Antropología, se sustenta razonablemente en el
hecho que el organismo humano está diseñado (por Dios, la
Evolución, la Naturaleza o cualquier combinación de estas
fuerzas vitales con las que el lector se sienta más cómodo)
para mantener un funcionamiento apropiado por 100 o más
años sin mayores inconvenientes de salud. De hecho, hemos
sido testigos de cómo la población humana ha incrementado
su expectativa de vida extraordinariamente en las últimas
décadas, agregando un promedio de 15 a 20 años a los humildes
50 de principios de siglo. Mejoras en la calidad del agua
potable, la nutrición, la higiene general y la eliminación
de un sinnúmero de enfermedades que afectaban severamente
a la población mundial y mantenían índices de mortalidad
infantil elevados, produjeron una revolución sanitaria invisible
de la cual todos nos hemos beneficiado. De seguir así, los
avances médico-sanitarios, nutricionales y, en general,
de la calidad de vida humana, asegurarán una longevidad
creciente y satisfactoria en el porvenir. |