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En
la primera parte de este artículo, abordamos una cantidad
de factores familiares, personales y ambientales que influyen
conjuntamente en el desarrollo de la personalidad y, más
específicamente, en el modelamiento de aquello que denominamos
"una buena conducta". Tantos y tan intensos episodios
de violencia que afectan y a veces se generan en grupos
de niños y adolescentes, nos hacen re-pensar en estrategias
y soluciones que podamos brindar a nivel de padres, educadores,
informadores públicos o legisladores. Intenté enfatizar
en artículos anteriores una serie de temas clave para
reducir la violencia juvenil (a veces infantil), partiendo
de la premisa que los padres "deben estar allí", es decir,
estar activamente presentes a través del desarrollo madurativo
de sus hijos, con una cantidad suficiente de amor, supervisión,
motivación y sentido común.
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